Soul: Pixar crece

Imagina un lugar en el que las almas son creadas antes de ir a la tierra. Imagina que a ese lugar lo llamamos el “más atrás”. Y ahí, en el “más atrás” ‒o “seminario del yo”‒ adquieren la personalidad que, después, formará parte de cada cual. Imagínalo. Y ahí va a parar Joe Gardner, el primer afroamericano animado de Pixar, profesor de música en un instituto, amante del jazz. A eso se quiere dedicar, improvisando con el piano. Y, el día que la suerte le llama a la puerta, y consigue que la leyenda del jazz Dorothea Williams se fije en él y esté dispuesta a darle una oportunidad de tocar en su banda, un despiste, una caída en un alcantarillado: un fatal accidente.

Y ese día, Joe Gardner muere.

No se lo espera. Nadie espera la muerte: menos aún con cuarenta y pocos años. Pero es que, además, ese era justo el día en que iba a cambiar su vida, personal y profesionalmente. Su triste y desapasionada vida.

La compañía del flexo juega, claramente, en otra liga. En concreto Pete Docter, que ya mostró su enorme capacidad por contar historias profundas con Inside Out y Up (y algo, también, con Monsters Inc.).

Y es que Soul es puro Pixar. En lo técnico, qué decir de la fantástica ‒brutal, diría‒  representación de las calles de Nueva York, los colores de las noches, amaneceres y atardeceres en la ciudad, el “vestuario” de los personajes, los movimientos faciales… todo. En lo narrativo, se mueve entre Del Revés y Coco. De hecho, posiblemente, Soul sea la película más adulta de la compañía. No emociona tanto como a lo que nos tienen acostumbrados la mayoría de sus otras veintidós películas, pero esta es, realmente, muy grande. Y lleva al espectador mayor a pensar.

A pensar en el cuerpo y en el alma. En la capacidad que tenemos los humanos de enamorarnos (o no) de las buenas cosas que nos da la vida: desde lo más pequeño, a lo más grande.

Todo esto no significa que, contrariamente a lo que podría decirse de unos parámetros similares ‒muerte, vida, alma, más allá, infierno, cielo…‒, se trate de una película religiosa ‒aunque el equipo creativo sí se dejó aconsejar por distintas espiritualidades religiosas‒ sino de una fábula hecha con mucho respeto y amor por todo lo creado.

No es cine religioso, digo, pero sí espiritual. Porque el buen cine ‒creo que lo menciono más de una vez en esta web‒ es el que habla del hombre completo: cuerpo y alma.

En este sentido, Soul es muy atrevida. Como ya lo era Coco, tratando sobre la muerte, o Inside Out, sobre las emociones y la depresión; aquí, sin embargo, dando un paso más y hablando de temas tanto metafísico-filosóficos, como teológicos, de un modo “plano” ‒no digo banal‒, entendible, comprehensible, aunque muy metafóricamente. Por eso lo de que es la película más adulta de Pixar.

Es en este sentido que Pete Docter recordaba una frase de otro grande de la animación, Chuck Jones. Jones aseguraba que había que hacer “películas lo suficientemente inteligentes para los niños, y lo suficientemente simples para los adultos”.

¿Obra maestra? Para mí, Up sigue estando en lo más alto del podio pixariano. Soul dicen que impresiona, pero no emociona; que es digna, no gloria. Y sí, impresiona. Y, efectivamente, ya he dicho, no emociona tanto como otras. Porque, esta vez, Docter va más a la cabeza que al corazón. En Inside Out supo combinar más y mejor las dos cosas, pero, claro, Pixar ha dejado el listón de sus películas tan alto que, a la mínima que está un poco por debajo, para los más buscarruidos ya deja de ser grande.

Nada más lejos de la realidad.

Soul, aunque no está en el número 1, es muy grande. (Hago un paréntesis: no sé, quizás alguna vez me animo a hacer mi propio ranking de las mejores historias de la compañía. Ya veremos).

A ritmo de jazz ‒“jazzeando”, que dice 22‒ vemos una historia que parece improvisada ‒como las manos de Gardner mientras toca el piano‒, aunque está muy bien estudiada. Es una historia muy personal, como asegura Docter. Se nota, porque ya estaba presente en sus dos últimas obras ‒esas sí‒ maestras.

No obstante, a veces pierde algo el ritmo; a veces ‒para seguir recordando que es, también, para niños‒ coge un tono más de “slapstick”; y, a veces, se le va un poco la pinza con aquello de los “intercambios astrales”, o como se les llame… Digamos que se mueve “entre dos aguas”, provocado por lo que dice muy acertadamente Stephanie Zacharek, en Time, sobre que es una historia tan ambiciosa, que se pierde un poco.

Lo mejor de lo que nos cuenta Pete Docter y su equipo sobre Joe Gardner ‒y en esto consiste, precisamente, parte del “toque Pixar”, del que he hablado bastante en la tesis que defendí hace unos años‒ es que, al terminarla, te invita a reflexionar y ser mejor. Aunque solo fuera por eso, ya vale la pena dedicarle los poco más de noventa minutos que dura.

Y, además, se disfruta.

Nota: 8/10

2 Comentarios
  • Santi RUIZ ROSELL
    Publicado a las 21:23h, 30 diciembre Responder

    Pixar tiene unos estandares tan altos que, como bien dices, lo que en manos de otros estudios serían obras maestras, pasa a ser considerado “bueno”.

    Gracias a todo el equipo que ha hecho realidad “Soul” y que nos ha permitido disfrutar de ella en casa, protegidos del virus que nos ha robado el año y mucho más… ojalá poder ver de nuevo “Soul” en una sala, como siempre deberían verse las películas.

    Feliz año y mucho ánimo a tod@s!

    • Jaume Figa i Vaello
      Publicado a las 10:17h, 31 diciembre Responder

      Gracias, Santi, por tu comentario. Como bien dices, ha sido una suerte poder gozar de una nueva película de Pixar este año tan raro. Realmente, teniendo en cuenta que ha habido tan poco buen cine en 2020, podemos decir que Soul es de lo mejor que ha dado Hollywood. ¡Ojalá podamos verla un día en la pantalla grande!

      Molt bon any!! 🙂

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.