Buscadores de verdad

Este año ha habido ciento diez nuevos doctores por la Universitat Internacional de Catalunya y trece premios extraordinarios de doctorado: una gran variedad, no solo respecto a número, sino también en cuanto a áreas temáticas. He tenido delante la lista de todas las tesis y doy fe de ello. Sin ir más lejos, yo he sido uno de los que ha alcanzado esta meta, con una tesis que mezclaba filosofía, cine y comunicación…

¿No nos están diciendo, estos datos, que estamos ante una muestra de que el lema de nuestra universidad, veritas liberabit vos, está más vivo que nunca? La verdad nos hará libres.

Hacer una tesis doctoral, significa encerrarse varios años, rodearse de libros, documentos de todo tipo, entrevistarse con expertos o protagonistas de nuestra investigación…; y, todo ello, con el peligro de parecer seres extraños o vivientes de una especies de submundo. Así, a menudo el doctorando debe hacer de tripas corazón ante propuestas tan interesantes como: “¿Vienes a esquiar este fin de semana?”. No siempre es posible y hay que huir de planes realmente tentadores; pero vale la pena: porque hacer una tesis doctoral es estar en busca de esta verdad liberadora. Al menos de una parte.

Es una tarea realmente apasionante, aunque dura, a veces: hay momentos en que lo echarías todo a rodar. ¡Cuántos momentos nos ha venido a la cabeza aquello de: “Pero yo, ¿qué demonios estoy haciendo aquí?”!… Y te dicen que “¡ánimo!”, “que solo tú estás estudiando una cuestión como esta”… Y piensas que por algo será que solo haya un loco que investigue sobre un tema como el tuyo…

Pero, en el fondo, te gusta el trabajo que haces. Y cuando llega el “día D” de la defensa, te sientes como nuevo. Entonces sí que te vas a otro submundo: ¡un séptimo cielo de felicidad!

Algunos dirán que, claro, así es el trabajo de cualquiera. Que, efectivamente, la vida es una serie de elecciones y renuncias que nos dan, paradójicamente, mayor libertad. Y sí: tienen razón, pero el del doctorando, aunque suele estar bien acompañado por quien lo dirige, a veces es más solitario.

Pero terminas, y escribes esa página que colocas al principio. Y es una de las páginas que escribes con mayor celeridad: la de los agradecimientos. Entonces, el doctorando se da cuenta de que, en realidad, nunca ha estado solo y que son muchas las personas a las que debe su trabajo final: a los que han tenido paciencia y a los que lo han escuchado tantas veces…; gracias a los padres, a los amigos, a los que han colaborado con lo que investigábamos… Gracias a la Universitat Internacional de Catalunya porque ha hecho que fuera posible el resultado final.

Ahora toca seguir adelante, que esto es el principio. El principio de un trabajo que se fundamenta –lo tenemos que fundamentar– en una realidad muy interesante: estamos en busca de una pequeña porción de la verdad. Y esto es un gran reto liberador.

* Adaptación del discurso que tuve el honor de dar como representante de los nuevos doctores, el 26 de enero de 2018, día de nuestra investidura.

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