Isidre Fainé: Necesitamos jóvenes formados para el siglo XXI

Barcelona es de baja estatura. No te das cuenta de ello hasta que no subes a lo más alto de alguno de los pocos edificios altos de la Ciudad Condal y, desde ahí, tengas una panorámica con profundidad de campo de 360 grados a tu alrededor; del mar a la montaña, y de norte a sur. Aparte de la magna obra gaudiniana —la Sagrada Familia—, la colorida torre Agbar de Nouvel o las Mapfre y alguna otra, en general, Barcelona no destaca por su altura. Es así su encanto. Y es lo que uno puede comprobar desde esta vigésimo tercera planta del doble edificio negro que Coderch hizo en una punta de la impertérrita Diagonal y que ya forma como parte del imaginario de Barcelona. No es skyline, pero sí punto de referencia.

Y ahí, coronando el edificio, ese logo diseñado por Joan Miró que dicen que es un niño —ya crecidito: 35 años— que mete una moneda en una hucha. Isidre Fainé (1942) me citó una tarde de junio, al pie del “niño de Miró”. Trabajador infatigable —“trabajaba durante el día, y de once y media a dos de la madrugada hacía la tesis”—, Fainé es hoy presidente de la Fundación Bancaria “la Caixa”, de Criteria, de CaixaBank y de la CECA —además de otros cargos que sería muy largo citar ahora—, y pocos días después de nuestra entrevista iba a ser nombrado, también, presidente de la European Saving Banks Group (ESBG), agrupación de las cajas europeas. Sin embargo, a pesar de esas alturas, no parece que se le hayan subido los humos.

Hijo de una familia humilde de Manresa, no hace gala de sus cargos. No le gusta hablar de su poder, pero el caso es que sigue saliendo en las listas de los más influyentes de España y le pregunté de qué tiene miedo alguien como él…

La verdad es que no pienso en ello. Lo único que me importa es poder hacer cosas por los demás, servir a quien pueda y como pueda; sean de Cataluña, de España o de donde sean. Yo me debo a mis clientes y estoy convencido de que la única manera de evitar temores es dedicar la vida al servicio de los demás.

“La Caixa” con un fuerte compromiso con la sociedad, ¿es así?

Me gusta hablar de “la Caixa” como una especie de gran “supermercado bancario”, que sirva a todos los sectores de la sociedad y abierto a que cada uno pueda escoger el producto o servicio que más le interese. Con la crisis, hemos tenido que reorganizar muchas cosas, y el grupo actualmente se estructura mediante una fundación bancaria, que es la que desarrolla de forma directa la Obra Social, pero en esencia está presente ese triple compromiso en el que siempre se ha fundamentado: compromiso social, compromiso en la oferta de servicios financieros y compromiso con el tejido productivo. De hecho, la Obra Social es la razón última que justifica nuestra actividad como entidad financiera.

No obstante, la crisis es de largo recorrido, y lo que me cuenta no es fácil de mantener…

Sí, pero la Obra Social sigue siendo, para nosotros, un elemento irremplazable. Muestra de ello es que, a pesar del impacto de la actual recesión en los resultados, mantenemos para ella, por séptimo año consecutivo, un presupuesto de 500 millones de euros. No vamos a cambiar. Puede variar el embalaje, pero el contenido es el de siempre: trabajamos para contribuir al bienestar de la sociedad. Nuestro grupo empresarial es un reflejo del modelo de economía social de mercado, imperante en la Europa continental. Un modelo que incorpora virtudes de la economía de libre mercado, paliando sus defectos para conseguir que el progreso y el dinamismo que aporta el capitalismo alcance a todos los segmentos sociales.

Esta “vocación social” es el motivo principal por el cual nacieron las cajas de ahorros, pero es un sistema que ha sufrido un profundo cambio; ¿qué ha fallado?

Las cajas tenían, y tienen todavía hoy, grandes virtudes como sistema de inclusión financiera y de elevada vinculación del sector financiero con el territorio. Además, durante muchísimos años generaron un elevado retorno social, a través de las obras sociales de las diferentes entidades, en sus respectivos territorios. Sin embargo, al permitir su expansión en igualdad de condiciones que los bancos, y al entrar en competencia directa con ellos, esta crisis económica puso de relieve algunas insuficiencias. Por un lado, se trataba de entidades que, en caso de necesidad, no podían acudir con facilidad a los mercados de capitales para captar financiación y, por otro, al no ser entidades cotizadas —y, también, por la presencia del sector público en algunos casos—, su gobierno corporativo no siempre fue el más apropiado. Todo ello ha hecho que el sistema en su conjunto fuera incapaz de absorber el desmesurado ciclo de expansión y contracción del crédito que ha vivido la economía española durante los diez últimos años. Como consecuencia de la entrada de España en el euro, la gran reducción de tipos de interés que sufrió el país comportó una expansión excesiva del endeudamiento privado, y el sistema financiero fue la cadena de transmisión de la financiación internacional que llegaba a nuestro país. No obstante, debemos recordar que, en el fondo, se ha salvado el sistema de cajas a través de las concentraciones e integraciones, y la mayoría —no solo “la Caixa”— ha mantenido su vocación social con una nueva personalidad jurídica.

¿Cuáles cree que son las claves del éxito de su gestión?

No resulta nada fácil que uno mismo defina los puntos clave de su trayectoria ni si esa trayectoria ha sido o no de éxito. Si acaso, si tuviera que destacar algún rasgo, yo diría que el tiempo que he dedicado con intensidad a mi trabajo, la constancia para poder cumplir los objetivos, la convicción del valor que tiene el trabajo en equipo, el espíritu de servicio para con los clientes y el cuidado por el desarrollo personal y profesional de los empleados, aunque con una nueva personalidad jurídica.

Me está nombrando algunas de las características básicas del buen líder…

A lo largo de la vida personal y profesional —que es de lo que estamos hablando— uno tiene que tomar muchas decisiones que exigen mucha reflexión: sin limitar el sentido de anticipación, el líder nunca puede precipitarse. Es esencial estar pegado al terreno, escuchar a todos, comprender sus puntos de vista. Pero, sobre todo, hay que rodearse de gente con buena actitud, preparada, trabajadora y honesta. El líder es un ejemplo para los demás; hace aquello en lo que cree y lo defiende; es experto en su materia; busca estar en constante actualización y aprendizaje. Descubre las cualidades que toda persona tiene y procura hacer crecer a sus colaboradores en su vida profesional. Y, muy importante, nunca se deja engañar por los halagos, felicita a quien lo merece, cede el protagonismo del éxito y se responsabiliza del fracaso, que no es nada fácil.

Hace algún tiempo, usted definía el concepto “planificación estratégica” como “la capacidad interna desarrollada por las empresas para adaptarse a los cambios del entorno”. ¿“La Caixa” sobrevive mejor gracias a su capacidad de adaptación?

Efectivamente, en su momento hablé de ese concepto, y en “la Caixa”, tradicionalmente, debido a la visión de sus directivos y al trabajo de sus miles de empleados a lo largo de su historia, ha sabido adelantarse a los nuevos tiempos, tanto si los vientos soplaban a favor como si lo hacían en contra. La planificación estratégica es una herramienta más en la que confluyen las previsiones económicas y sociales estructurales para el medio plazo, el análisis de las propias capacidades y la misión que pretende cumplir la entidad. De este conjunto de elementos se derivan las metas a alcanzar en un periodo de tiempo concreto. El entorno delimita el marco y las metas internas se le acomodan, deduciéndose así el camino a seguir para adaptarse a él. Qué duda cabe de que esta labor de análisis e introspección es un buen método para fijar el rumbo y evitar permanecer a la deriva, a merced de acontecimientos incontrolables.

Recientemente, CaixaBank ha sido considerado el mejor banco en servicios de banca móvil, según el informe “2015 Global Mobile Banking Functionality Benchmark”, realizado por Forrester Research. ¿Es esta integración con las nuevas tecnologías parte de la planificación de la que hablamos?

Sí: es una apuesta que nos ha permitido adaptarnos a los cambios y estar muy cerca del cliente, lo que resulta fundamental en el caso de una entidad que destaca especialmente por ser líder de banca de particulares, con 14 millones de clientes. Creemos en la tecnología, pero en la tecnología al servicio de las personas. La innovación, en sí misma, no tiene mucho sentido si no aporta valor a los clientes. CaixaBank asume la innovación como un reto estratégico y un rasgo diferencial de nuestra cultura. Ser líderes en banca digital es, precisamente, uno de los retos de nuestro Plan Estratégico 2015-2018.

Entrando en el mundo de las “ciudades inteligentes”…

En línea con el desarrollo del concepto de smart cities, “la Caixa” ha potenciado el lanzamiento de innovaciones dirigidas a facilitar el uso de la tecnología wearable, ya sea para smartwatch o pulseras contactless, que permiten realizar determinadas operaciones financieras con facilidad y con dispositivos que se pueden llevar encima. Es por esta implantación de las nuevas tecnologías que “la Caixa” ha sido reconocida con distintos premios internacionales, como el que mencionaba usted.

Hablamos de cuestiones estratégicas, pero usted a menudo habla de la necesidad de ética en los negocios. ¿Dónde se encuentra esta ética?

En la coherencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos. Esto es el fundamento del comportamiento ético y responsable, tanto en las personas como en las empresas e instituciones. Y en el caso de las compañías, ello debe concretarse en el compromiso con los empleados, clientes y accionistas, dando siempre la cara y siendo transparentes con cada uno de nuestros stakeholders. Estoy seguro de que cuando esto se consigue, las expectativas de los clientes quedan cumplidas, la percepción de las empresas continúa mejorando y el crecimiento y liderazgo del negocio se consolida. Concretamente, en la empresa debemos primar la cultura del esfuerzo. Los éxitos no vienen solos, sino que se construyen en la tarea diaria, que exige dedicación y esfuerzo constante y paciente.

¿Cree que los bancos y cajas (y grandes entidades) que mejor han “capeado el temporal” son las que han tenido un código ético claro y definido?

Sin duda, entre ellos cabe destacar la prudencia y la profesionalidad en la gestión, pero también el hecho de tener un modelo de empresa fundamentado en unos sólidos valores compartidos por todos los directivos. No se trata de tener códigos escritos, sino de que la cultura de la empresa esté ampliamente enraizada en la organización, y que sea una cultura que rechace comportamientos poco profesionales y rigurosos. Ahora bien, no debemos olvidar que también hay compañías con comportamientos éticos intachables y que no han podido superar la severidad y duración de esta crisis.

¿En qué momento estamos? ¿Vemos la luz al final del túnel?

Nos encontramos en un punto de inflexión. Prácticamente todos los indicadores macroeconómicos señalan una reactivación moderada de la economía española. Pero la recuperación es lenta y es necesario persistir en la corrección de los desequilibrios que estuvieron en la raíz de la crisis. Hay dos elementos cruciales que debemos atender con esmero: la contención de la deuda, especialmente la deuda pública, y la competitividad. Si lo conseguimos, se nos seguirá considerando un país solvente y, de hecho, lo continuaremos siendo a medio y largo plazo.

Pero esta reactivación parece que no llega a la sociedad en general…

La salida de una crisis tan larga y dura como la que estamos superando no se hace de la noche a la mañana. No resulta fácil recuperar la confianza. Ni para las familias, ni para las empresas, que han sufrido intensamente en esta crisis. No obstante, llevamos ya un año con creación neta de empleo y la tasa de paro ha empezado a descender, al tiempo que el consumo ha aumentado ligeramente. Son muestras de que el cambio de ciclo se ha iniciado. La opinión mayoritaria apuesta por una reactivación creciente en los próximos meses, lo que redundará en una mayor creación de empleo.

¿Cuáles son los desafíos, ahora?

Sin duda alguna, la reducción de la tasa de paro continúa siendo el principal desafío de la economía española y, pese a que, afortunadamente, los datos del mercado laboral, en los últimos meses, muestran este punto de inflexión en positivo que le decía, hay que perseverar en las reformas iniciadas para garantizar un tejido productivo y unas instituciones que faciliten la competitividad internacional de nuestras empresas. Pero no nos engañemos, junto a la mejora del contexto y de la confianza, la cultura del esfuerzo es la verdadera piedra angular para superar las dificultades y seguir adelante. Y esto es lo que permitirá generar empleo de calidad y sostenible a largo plazo.

A veces se tiene la sensación de que esta crisis ha provocado situaciones de mucha injusticia.

Es cierto que, tanto individual como colectivamente, ciudadanos y sectores empresariales —quizás, también, el sector financiero— podían haber hecho las cosas mejor. Pero también es cierto que algunas veces ha habido un trato poco justo. Por ejemplo, mucho se ha hablado de los desahucios y muy poco de los alquileres sociales o de las políticas de refinanciación. Además, suele olvidarse que, cuando nuestros clientes lo pasan mal, nosotros también sufrimos. Los empleados de “la Caixa” son grandes profesionales y, como tales, no son indiferentes al dolor ajeno y, mucho menos, al de aquellos que nos son tan cercanos.

¿La situación política actual —con una fuerte presencia del populismo— puede hacer tambalear un poco el mundo empresarial?

Sinceramente debo decirle que, desde siempre, tengo un absoluto y escrupuloso respeto por la elección libre y democrática que hacen los ciudadanos en unas elecciones. La existencia de nuevos participantes en el sistema democrático contribuye a generar más debate en la sociedad y es reflejo de una sociedad cada vez más plural, diversa y heterogénea. Hay que tener en cuenta también que, en cualquier parte del mundo, la estabilidad es un valor clave para el desarrollo económico, la llegada de nuevas inversiones, la generación de empleo y la cohesión social. Confío plenamente en la prudencia y el buen sentido de todas las personas que están y estarán al frente de nuestras instituciones.

¿Qué hemos aprendido de la crisis?

La necesidad de gestionar nuestra economía y su sector financiero, evitando al máximo el crecimiento desmesurado del endeudamiento privado y público. La estabilidad económica y financiera se consigue con instituciones públicas basadas en el rigor presupuestario y con un sector privado que puede y debe acometer proyectos de inversión basados en recursos ajenos, pero siempre fundamentados en un análisis riguroso de su rentabilidad y con la aportación de recursos propios, lo que permite cubrir el riesgo y garantiza el compromiso inversor.

En la ecuación de la salida de la crisis, ¿qué papel tienen las universidades?

Un papel fundamental. Necesitamos nuevas generaciones de jóvenes con una formación adaptada a las necesidades del mundo actual y a la realidad del siglo XXI. Las universidades deben impartir una formación de primer nivel, exigente, de calidad, e íntimamente relacionada con la empresa y los centros de investigación. Es verdad que la aportación de la educación superior nunca es a corto plazo y los cambios que se introduzcan hoy tardarán años en hacerse notar. Pero es preciso y urgente seguir esta dirección.

¿Cómo se definiría en una frase? ¿Cómo le gustaría que fuera recordado en el futuro?

Como decía antes, nunca es fácil definirse uno mismo y, menos aún, valorar cómo le gustaría a uno que le recordaran. He dedicado mi vida a impulsar proyectos al servicio de la sociedad. En una palabra: construir. Para ello, ha sido necesario naturalmente construirme a mí mismo, construir una familia, y a partir de ahí construir oportunidades para empresas y personas, para el país y para la sociedad en su conjunto. Es difícil tener una motivación trascendente si esta no está orientada hacia el bien.

Constructor…

En su día leí un libro, El joven de carácter, del escritor húngaro Tihamer Tóth, que tuvo un gran impacto en mi vida. Decía Tóth que cada persona es un eslabón en una cadena infinita. He procurado que el mío sea sólido y duradero, pero, ante todo, útil y al servicio de la sociedad. No se trata de ser recordado, sino de ser estimado, siendo consciente de que la tarea es ingente y que cada uno de nosotros aporta, tan solo, un grano de arena.

ENTREVISTA FAINÉ 3

* Entrevista publicada en +1. Sumant històries, núm. 2

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