9 de septiembre de 2008

Wall·E: ¡Grandas historias!

Wall·E nación hace unos diez años, en un ratón de charla entre los grandes de Pixar. Su director, Andrew Stanton, cuenta que fue después del éxito de Toy Story. Y vinieron Bichos, Finding Nemo, Monsters Inc…; era la historia de un robot. Pero no uno cualquiera.

Éste, como los demás de su “especie”, fue fabricado para limpiar la Tierra de toneladas y toneladas de basura acumulada por los hombres al largo de los siglos… mientras ellos disfrutaban de un planeta paradisíaco, donde todo parece ir a la perfección, abandonando un planeta ya inhabitable. Pero a Wall·E, eso le saca sin cuidado. De hecho, ni lo sabe.

El se dedica a recoger y empaquetar basura y ya está. Un día tras otro… ¡durante más de 700 años! ¿Qué ha ocurrido con los demás robots? El plan de limpieza de la tierra no funcionó y fue abortado. Los robots fueron apagados y abandonados, pero olvidaron a Wall·E. Solo, con la única compañía de una cucaracha.

Pero todo cambia cuando, de alguna parte, lega una nave, como un robot de número Eva. Entonces, Wall·E descubre en ella algo más que un simple robot, y no está dispuesto a perderla.

¡Qué bien vuelve a demostrar Pixar, su capacidad de crear grandes historias! Muy humanas, a pesar de que los protagonistas no suelan ser personas. Para ser sinceros, he de decir que cuando leyó el argumento pensé que Disney hacía de las suyas, sacando otro panfleto ecologista, como hizo con Tarzán (donde los buenos parecen los gorilas, y los malos, los humanos), pero no.

Wall·E habla del ecologismo, sí, pero con una idea muy clara y, a mi entender, interesante –hay que verla, para descubrirlo. Y también hace parodia de un consumismo sin freno. Todo, con mucha elegancia. A los de Pixar les gusta arriesgar, y aquí lo hacen, y se quedan a gusto. Durante más de cuarenta minutos mantiene al público disfrutando –lo digo en serio–, enganchado en su butaca viendo cómo un robot solitario sea con su vida rutinaria. No se dice nada.

No hay diálogo. Como las antiguas películas mudas: sólo música y ruidos. Y después de ese rato, la historia sigue con más sorpresas: Pixar es capaz –lo lleva haciendo desde sus últimas películas– de mostrarte muchas cosas durante un año entero (desde el pasado verano) ya la vez decirte muy poco de lo que te quieren contar. Su fuerte: la creación de personajes y, por supuesto, la animación, que aquí luce increíblemente bien.

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