1 de abril de 2010

Invictus (2009)

“¿Cómo ha podido, una persona, estar 30 años preso injustamente y, al salir, perdonar a sus opresoras?”. De eso va la nueva película de Clint Eastwood . De cómo Nelson Mandela , cerrado entre cuatro paredes blancas casi treinta años, se convirtió en el símbolo contra el apartheid, de cómo llegó a ser el presidente de Sur África y cómo, al legar al poder, supo perdonar… Concretamente, Eastwood adapta la novela de John Carlin , El factor humano , la historia del mundial de rugby5 ese año. Mandela, ya presidente del país desde hace un año, vio en este deporte, la única manera de unir un pueblo, separado por muchos odios racistas entre negros y blancos, y al borde de una guerra civil.

A estas alturas, son pocos los que niegan que Clint Eastwood, con casi 80 años encima (los cumplirá el próximo 31 de mayo), es uno de los grandes de Hollywood. Y Invictus muestra, otra vez, que conoce muy bien el lenguaje del cine. No sólo porque sabe dirigir –con un espléndido Morgan Freeman , que bien se habría merecido Oscar–, sino también porque sabe tocar temas humanos (del alma) como mucha clase. Así, convierte lo que podría haber sido un panfleto de propaganda política en la historia de un hombre que, como sus defectos, quiso ser más libre no dejándose levantar por la venganza .

Y es que no era nada fácil hacer una película sobre la historia de alguien que ha sido -y sigue siendo- icono de la lucha por muchos ideales: de libertad, de paz… Eastwood es muy preciso en alguna fecha histórica -Mandela, en realidad, se divorció de su mujer en el 96, mientras que la película lo presenta ya divorciado-, porque lo que importa no es tanto el personaje en sí.

Es parte de la temática que más interesa últimamente al director californiano. Como si ya, a la vista del final -el suyo-, quisiera eliminar su faceta de hombre duro «sin perdón» ( Sin perdón , 1992), y buscar algo de redención ( Gran Torino , 2008).

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