El niño de la bicicleta (2011)

Hay algo que me ha llamado mucho la atención, en esta nueva película de los hermanos Dardenne. Su música. O mejor: su casi ausencia de música . Tan sólo una sinfonía de Beethoven, incoada varias veces, y sólo seguida y terminada al final de la película, cuando termina la historia. Como si los dos hermanos franceses quisieran decir: “aún no toca; aún se puede contar más y podemos encontrar un final feliz”. O no: porque El niño de la bicicleta habla de nuestra vida: de la de hoy y de la civilización que nos rodea : en la que hemos caído o hemos provocado…
Cyril ( Thomas Doret , en un papel debutante muy bien quitado en la pantalla) es un chico de doce años, abandonado por su padre en un orfanato, en principio temporalmente. En principio: el padre se ha ido. No es capaz de mantener a su hijo, y se va. Quiero emprender una nueva vida, sino el niño, que insistirá en llamarle y en contactar con él: como sea, incluso escapándose, si es necesario. En una de estas escapadas, se cruza por su camino Samantha ( Cécile de France ), una peluquera de la zona que, viendo la situación, decide adoptar a Cyril los fines de semana.
Empieza entonces una nueva vida : Cyril va acogiendo el amor tan necesitado de una madre, y ella -soltera- va aprendiendo que tener un hijo no es coser y cantar y que hay que aprender a elegir el amor correcto. En un viaje. Interior: el de los dos personajes, sobre todo el del chaval que, como una especie de David Copperfield , descubre mundo y se adentra, incluso, en el mundo de los pequeños -y no tan pequeños- pillajes callejeros.
Los hermanos Dardenne muestran la realidad, tal cual es: dura . Pero, en esta su nueva película, parecen estar convencidos de que el optimismo es posible . Lo importante es, como han llegado a decir ellos mismos, el saber darse y recibir al otro. Es lo que muestran. En una historia donde el reconocimiento de uno mismo -de sus faltas y errores- es tan importante como el perdonar y ser perdonados. Un cuento que mereció el Gran Premio del Jurado en Cannes 2011.
Como una nueva historia dickensiana . Moderna. Cyril descubre el mal y el bien. Y la libertad que tenemos para inclinar la balanza hacia un lado o hacia el otro. Pero también está presente la responsabilidad: ese rostro de la misma moneda que a menudo olvidamos… De hecho, recuerdo lo que me contaron que decía Viktor Frankl, en una conferencia en una ciudad de Estados Unidos: veo que tiene una estatua a la libertad. Una gran cosa… Me parece que faltaría otra, en el otro lado del país, en la responsabilidad. Habrá que pensarlo…









