15 de enero de 2018

La piedra y el hombre

Me llega este texto: El hombre distraído se tropezó con él; el violento la utilizó como proyectil; el emprendedor la utilizó para construir grandes cosas; el campesino, cansado, la utilizó como asiento; Drummond de Andrade hizo un poema –“En mitad del camino, había una piedra”–; David , la utilizó para derrotar a Goliat ; Michelangelo…

Me llega este texto:

El hombre distraído se tropezó con él;

el violento la utilizó como proyectil;

el emprendedor la utilizó para construir grandes cosas;

el campesino, cansado, la utilizó como asiento;

Drummond de Andrade hizo un poema –“En mitad del camino, había una piedra”–; David , la utilizó para derrotar a Goliat ;

Michelangelo sacó la más bella de sus esculturas.

Me ha gustado: al final, las cosas que nos rodean pueden variar mucho, según el prisma a través del cual las miremos. La piedra será la misma; lo que varía es quien la encuentra. Es como ver la botella medio llena o medio vacía.

Ayer leía una entrevista a alguien –ahora no recuerdo a quién, lo siento– que decía que él era pesimista. Porque sí. Y, cómo no, veía las cosas siempre desde un prisma muy negro, que digamos. A mí no me parece que ser optimista en los tiempos que corren sea carencia de realismo: la piedra es la misma realidad, pero dependerá de cómo la mires, para saber si, al menos –no todo el mundo es Michelangelo–, puedes hacer que otros extraigan lo mejor: que esto hace el buen líder.

Supongo que es ese optimismo el que me lleva a pensar que, algún día, los políticos que tenemos decidirán gobernar para nosotros, y no para ellos, calentadores de poltronas, y mirar con perspectiva de futuro, no a cuatro años vista.

Ya llevamos quince días de 2018 y, mutatis mutandi, podemos ver este nuevo año como un cúmulo de obstáculos que debemos superar, o hacer de cada día algo realmente nuevo. Son las 365 oportunidades de las que hablaba hace apenas un año.

Cuando escribía ese texto, me llegó la triste noticia del traspaso de Pedro, un chico de 21 años, al que tuve la suerte de tratar brevemente, hace un tiempo. Poco después le diagnosticaron un cáncer que se le acabaría llevando. Se diría que fue una vida desperdiciada –¡era demasiado joven para morir!–; pero quienes le han conocido, a poco que haya estado, como yo, han descubierto allí a un hombre que supo extraer lo mejor de cada una de las piedras que se encontró por el camino. Su sonrisa le delataba.

Por suerte, todavía quedan las universidades que, siendo lo que deben ser –foros de búsqueda de la verdad– nos ayudan a descubrir a los nuevos michelangelos y, sobre todo, a descubrirnos. Que sí: todavía es posible enamóranos de la humanidad, como los ángeles de la fantástica El cielo sobre Berlín.

Con este tuit me entero que ha muerto alguien a quien tuve la suerte de conocer y que supo quitar la enfermedad siempre con un sonrisa; la muerte le llegó pronto: muy pronto . DEP, amigo, y acuérdate de nosotros, ahora . https://t.co/WuL6K9cA0j

— Jaume Figa i Vaello (@jaumefv) 15 de enero de 2018

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