22 de diciembre de 2012

Bon Nadal! ¡Feliz Navidad! Merry Christmas! Joyeux Noël! Buon Natale! :)

Me dicen: "felices fiestas". Así, sin más: "fiestas". Como si no hubiera ningún motivo que celebrar de verdad... Sinceramente, me saca un poco de quicio recibir felicitaciones de Navidad –eso que ahora llaman 'christmas', quizá porque es más cool– con lucecitas y bolas formando un conjunto hortera que no significa nada más que esto. Es…

Me dicen: “felices fiestas”. Así, sin más: “fiestas”. Como si no hubiera ningún motivo que celebrar de verdad… Sinceramente, me saca un poco de quicio recibir felicitaciones de Navidad –eso que ahora llaman ‘christmas’, quizá porque es más cool– con lucecitas y bolas formando un conjunto hortera que no significa nada más que esto.

Es Navidad. Y Navidad viene del latín “nativitas”, nacimiento… El del Niño (así, en mayúsculas), hace dos mil años. Y por eso digo “feliz Navidad”. Alto y claro; en castellano –o en catalán: que Dios ha querido que esta tierra me permita ser bilingüe. Y con orgullo.

Pero no he venido a quejarme sino, simplemente, amigo lector –esporádico o fiel–, a desearte que tengas una muy feliz Navidad y un felicísimo año nuevo 2013. ¡Eh! Celebrándolo con fiesta, ¡por supesto! ;)

Con estos deseos, he escrito un cuento que quizá te pueda gustar… No es nada del otro mundo, pero me lo he pasado muy bien escribiéndolo.

Eudald: un cuento de Navidad.

No sé cuántas horas llevo durmiendo. Nunca lo sé. Lo que sí sé es que, una vez más, Eudald es quien me despierta. Él nunca falla. Me abraza, me besa en la frente –con aquellos besos que te babean toda la cara– y me dice “¡buenos días!” –Así, gritando porque ya es hora de levantarse. Y a mí no me importa, que me babee la cara: sé que me quiere y que, después, me seca la cara con su manga que también tantas veces ha ido a su boca. Y sonríe. Su sonrisa gana la simpatía de cualquiera que se lo mire. Normalmente, lo hacen con compasión; y él no la quiere, la compasión. Quiere que lo amen, tal como es. Y yo lo amo, él lo sabe. Por eso, sonríe. Y sonríe a los que lo miran así, para que lo quieran. Ojos burlones y pequeños y redondos que parece que se salgan de órbita, piel blanca y nariz pequeña y un poco chata. Y también se enfada, Eudald: no quisieras nunca cruzarte por su camino, si está en esa situación. Una vez, Xènius, su hermano mayor, lo hizo rabiar mucho –de hecho, Eudald es mayor, pero no lo parece: él, como que no crece… Y entonces le gritó. Y a mí, me asustó. Se giró, y dio tal golpe al aire, que su fuerza hizo que yo perdiera el equilibrio y que, por poco, cayera por la ventana. Pero sí caí en suelo, y él me levantó y me dio un beso babeado en la frente, diciéndome “perdón”, y que no lo volvería a hacer. Y yo sé que es verdad.

Cuando me despierta, sé que Eudald me coge y me lleva al lugar de siempre. Al mejor: en un rincón, desde donde pueda mirarle y ver cómo, con esos ojos burlones y pequeños y redondos le dice al Niño que quiere ser suyo. Y yo también le quiero decir estas cosas: no soy más que un pobre pequeño pastor; de plástico despintado. Y sé que, cuando llegue febrero me meterá de nuevo a dormir. A esperar a que me venga a despertar de nuevo y me bese en la frente –aquellos besos que te babean toda la cara– y me diga “¡buenos días!” –Así, gritando porque ya es hora de levantarse….

Navidad 2012

 

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